Corren los días en el veraniego agosto de 2007. Un grupo de compañeros de trabajo y amigos empiezan a darle vueltas a la idea de construir un kartódromo en Badajoz.
Les encanta ir a correr a Évora, pero está lejos, y se carece de instalaciones similares en Badajoz. Sólo existe un pequeño kartódromo en la Carretera de Cáceres, a unos veinte kilómetros de la capital pacense, abandonado, y que carece de servicios y de medidas de seguridad.
¿Por qué no hacer uno desde cero? Empiezan a surgir ideas, dudas, comparaciones, aficionados que aportan su granito de arena, otros que nos toman como unos locos, alguno que se apunta a la idea y luego la descarta, y cinco amigos que deciden que es una idea viable, y que merece la pena trabajar en ella.





